Episodio 2 20 de febrero de 2026 · 21:54 min

El Mom Test: El manual completo para conversar con clientes (Parte 2)

The Mom Test — Rob Fitzpatrick

Cómo estructurar reuniones, detectar datos contaminados, tomar notas efectivas, conseguir que la gente te dé su tiempo, y cuándo dejar de investigar para empezar a construir. Incluye aplicación directa para consultores.

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Resumen completo

Bienvenidos de vuelta a Book Digest. Soy tu host, y este es el segundo y último episodio sobre El Mom Test de Rob Fitzpatrick. En la primera parte cubrimos las tres reglas fundamentales del Mom Test y por qué la mayoría de las conversaciones con clientes son una pérdida de tiempo disfrazada de validación. Hoy vamos a la parte práctica y avanzada: cómo estructurar las reuniones, cómo detectar datos contaminados, cómo tomar notas que realmente sirvan, cómo conseguir que la gente te dé su tiempo, y quizás lo más importante, cuándo dejar de investigar y empezar a actuar.

Si no escuchaste la primera parte, te recomiendo hacerlo porque hoy vamos a construir sobre esos conceptos. Pero si no tienes tiempo, el resumen es este: nunca le preguntes a nadie si tu idea es buena, porque te van a mentir. En vez de eso, pregunta sobre su vida, su comportamiento pasado, y sus problemas reales. Ahora sí, vamos con la segunda parte.

Conversaciones Accidentalmente Malas

Fitzpatrick dedica un capítulo entero a un concepto que él llama "conversaciones accidentalmente malas". Son esas reuniones donde todo parece ir bien. La persona fue amable, dijo cosas positivas, la energía fue buena, y tú sales de ahí sintiéndote productivo. Pero cuando te sientas a analizar lo que realmente aprendiste, te das cuenta de que no hay nada concreto. Solo humo.

¿Cómo pasa esto? De muchas formas, y todas son trampas sutiles.

La más común es perder el control de la conversación. Empiezas bien, haciendo preguntas sobre el problema del otro. Pero en algún momento, sin darte cuenta, empiezas a explicar tu idea. Quizás la persona te preguntó "¿y tú a qué te dedicas?" y tú aprovechaste para hacer un pitch de tres minutos. A partir de ese momento, la conversación está contaminada. La persona ya no te está dando información genuina; te está dando feedback sobre tu presentación. Son cosas muy diferentes.

Otra trampa es lo que yo llamo "pescar cumplidos". Funciona así: haces una pregunta como "¿no crees que sería útil un servicio que automatice tus reportes?" Esa pregunta tiene una respuesta socialmente correcta, y es sí. Nadie te va a decir "no, me parece una idea estúpida" a la cara. Entonces recibes tu sí, lo interpretas como validación, y sigues adelante. Pero ese sí no vale nada. Es cortesía, no compromiso.

La tercera trampa, y posiblemente la más peligrosa, es hacer preguntas hipotéticas. "Si existiera una app que hiciera X, ¿la usarías?" "Si el precio fuera Y, ¿te parecería justo?" Cada pregunta que empieza con "si" es una invitación a la fantasía. La persona imagina una versión idealizada de sí misma que toma decisiones racionales y que tiene disciplina para usar nuevas herramientas. Esa persona no existe. Lo que existe es su comportamiento pasado real, y eso es lo que tienes que investigar.

La solución que propone Fitzpatrick es elegante en su simplicidad: antes de cada conversación, escribe exactamente tres preguntas que quieres responder. No cinco. No diez. Tres. Y estas preguntas tienen que cumplir un criterio fundamental: si descubres que la respuesta es negativa, tiene que hacerte cambiar de dirección. Si todas tus preguntas solo pueden confirmar lo que ya crees, no estás investigando. Estás buscando validación con una libreta en la mano.

Y aquí viene algo que me parece muy poderoso: las mejores preguntas dan miedo. Si no sientes un poco de incomodidad al hacer la pregunta, probablemente no es lo suficientemente directa. Preguntas como "¿cuánto dinero has gastado en intentar resolver esto?" o "¿por qué dejaste de usar la última herramienta que probaste?" o "¿cuántas horas a la semana pierdes por este problema?" son incómodas. Pero son exactamente las que te dan la información que necesitas para tomar decisiones reales.

La Trampa del "Yo También"

Hay un patrón que Fitzpatrick describe y que me parece absolutamente brillante. Lo llamo la trampa del "yo también", y funciona así:

Estás en un café, en un evento, en una reunión casual. Mencionas que estás trabajando en algo relacionado con organización de viajes. Y la persona te dice con entusiasmo genuino: "¡Ay, yo también necesito eso! Odio organizar viajes, siempre es un caos." Tú piensas: cliente potencial encontrado.

Pero espera un momento. Que alguien diga que odia organizar viajes no significa que pagaría por resolverlo. Todos odiamos muchas cosas. Yo odio hacer fila en el banco. Pero, ¿pagaría treinta dólares al mes para que alguien haga fila por mí? Probablemente no. ¿Por qué? Porque no es un dolor lo suficientemente fuerte como para abrir la billetera.

La diferencia entre un problema real y una queja casual se mide en una sola cosa: acciones previas. ¿Esa persona ya intentó resolver el problema? ¿Buscó soluciones en Google? ¿Probó alguna app? ¿Pagó por un servicio que no le funcionó? ¿Creó una hoja de Excel improvisada para manejarlo? Si la respuesta a todo esto es no, lo que tienes es una queja, no un mercado.

Fitzpatrick lo resume con una metáfora que se me quedó grabada: si alguien tiene el problema pero nunca ha intentado resolverlo, no tiene un problema. Tiene una molestia. Y las personas no pagan por resolver molestias. Pagan por resolver problemas que les duelen de verdad, que les cuestan dinero, que les roban tiempo, que les causan estrés real.

Esto es crítico para cualquier consultor o freelancer. Cuando estés hablando con un prospecto y te diga "sí, la verdad que necesitamos mejorar nuestro marketing" o "sí, deberíamos estar usando más IA", no te emociones. Pregunta qué han hecho al respecto. Si la respuesta es "nada", su dolor no es suficiente para pagar. Si la respuesta es "contratamos a alguien que no funcionó y gastamos tres mil dólares", ahora sí estás hablando con alguien que tiene un problema real y presupuesto para resolverlo.

Señales de Peligro en las Conversaciones

El libro tiene una lista de señales de peligro que deberían encenderte todas las alarmas durante una conversación con clientes. Son como semáforos en rojo que te dicen "cuidado, este dato es basura". Vamos con las principales.

Primera señal de peligro: lenguaje genérico. Cuando alguien te dice "normalmente yo hago esto" o "en general me gustaría" o "la mayoría de las veces me pasa", está hablando en abstracto. Y lo abstracto es territorio de las opiniones, no de los hechos. Lo que necesitas son específicos concretos: "la semana pasada me pasó exactamente esto", "el martes gasté dos horas haciendo aquello", "el mes pasado perdí un cliente porque no le contesté a tiempo". Los específicos son datos verificables. Los genéricos son impresiones borrosas que tu cerebro va a distorsionar.

Cuando detectes lenguaje genérico, la técnica es simple: pide un ejemplo concreto. "Me dices que normalmente te pasa eso, ¿cuándo fue la última vez específicamente?" Esa pregunta transforma una opinión vaga en un dato real.

Segunda señal de peligro: promesas futuras. "Cuando lancen eso, definitivamente lo voy a usar." "Pásame el link cuando esté listo." "Avísame cuando tengas la versión final." Estas frases suenan maravillosamente, pero son formas educadas de terminar la conversación sin comprometerse a nada.

La señal real de que alguien quiere lo que ofreces no es una promesa futura, es una acción presente. "¿Puedo ser tu beta tester esta semana?" o "¿Puedo pagarte un adelanto para asegurar mi lugar?" o "Déjame presentarte a mi socio, él también necesita esto." Esas son señales reales. Las promesas de "cuando esté listo" son aire.

Tercera señal de peligro: respuestas socialmente deseables. Si tu pregunta tiene una respuesta que hace quedar bien a la persona, va a dar esa respuesta. Nadie dice "no, la verdad no me importa el medio ambiente" o "no, nunca leo libros" o "no, prefiero la comida chatarra". Tienes que formular tus preguntas de manera que la respuesta honesta no sea incómoda. En vez de "¿te importa la productividad?", pregunta "¿cuántas horas dormiste anoche?" Los hechos no tienen sesgo social.

Cuarta señal de peligro: entusiasmo sin acción. La persona está súper emocionada con tu idea. Habla un montón. Te da sugerencias. Te dice que es brillante, que va a cambiar el mundo, que ella sería la primera en usarlo. Pero cuando le pides que haga algo concreto, como presentarte a un amigo que tiene el mismo problema, agendar una demo para la próxima semana, o simplemente responder un cuestionario de cinco preguntas, de repente está muy ocupada. El entusiasmo verbal sin acción tangible es la señal de peligro más engañosa de todas, porque se siente como validación cuando no lo es.

El Arte de Tomar Notas y Compartirlas

Esto suena como el tema más aburrido del mundo, pero Fitzpatrick le dedica un capítulo entero porque es así de importante. La mayoría de los emprendedores tienen conversaciones valiosas con clientes potenciales y después no recuerdan qué dijeron. O peor, recuerdan selectivamente solo lo que confirma su idea. Es un sesgo cognitivo conocido como sesgo de confirmación, y todos lo tenemos.

Su sistema de notas es simple pero efectivo. Toma notas durante la conversación si puedes, o inmediatamente después si no puedes. Inmediatamente significa en los próximos cinco minutos, no al final del día. Tu memoria distorsiona todo en cuestión de horas. Lo que la persona dijo se mezcla con lo que tú querías que dijera, y de repente tu recuerdo de la conversación es una versión editada y favorable.

Cuando tomes notas, Fitzpatrick dice que distingas entre tres tipos de información. Primero, hechos: cosas que la persona realmente dijo o hizo, citadas lo más fielmente posible. "Uso Excel para llevar la contabilidad." "Gasto doscientos dólares al mes en el software actual." "La última vez que busqué una alternativa fue hace tres meses." Estos son datos duros, objetivos, verificables.

Segundo, emociones: cómo se siente la persona sobre el problema. "Se notaba frustrada cuando habló del proceso de facturación." "Le brillaron los ojos cuando mencioné la automatización." "Parecía indiferente al hablar de su marketing." Las emociones te dan contexto sobre la intensidad del dolor.

Tercero, y este es clave, tus propias interpretaciones: lo que tú piensas que significó lo que dijeron. "Creo que pagaría por una solución." "Me pareció que el problema no es tan urgente para él." "Siento que hay una oportunidad aquí." Esto es fundamental separarlo porque tus interpretaciones pueden estar completamente equivocadas. Son hipótesis, no datos. Y si las mezclas con los hechos, contaminas tu análisis.

Después de tomar notas, compártelas. Fitzpatrick insiste mucho en esto: si eres el único que tiene la información de las entrevistas de clientes, esa información muere contigo. Tiene que ser compartida con tu equipo, tu socio, tu cofundador. Discutida, debatida, triangulada con lo que otros escucharon en otras conversaciones. Los patrones emergen cuando combinas datos de múltiples fuentes, no cuando guardas todo en tu cabeza.

Para consultores que trabajan solos, mi recomendación es crear un documento simple donde registres cada conversación con estos tres elementos: hechos, emociones, interpretaciones. Después de diez conversaciones, lee todo junto. Los patrones van a saltar de la página.

Cómo Conseguir las Reuniones

Un obstáculo práctico que mucha gente tiene es simplemente conseguir que las personas acepten hablar contigo. Porque una cosa es saber qué preguntar, y otra muy diferente es lograr que alguien te dé quince minutos de su tiempo. Fitzpatrick tiene varias estrategias para esto, y son más sencillas de lo que piensas.

Primero: no pidas una reunión. Pide un consejo. La psicología detrás de esto es fascinante. La gente detesta que le vendan, pero le encanta dar consejos. Cuando dices "estoy investigando cómo las clínicas dentales manejan sus citas, ¿podrías contarme tu experiencia en quince minutos?", la persona se siente experta, valorada, y útil. Cuando dices "¿puedo mostrarte mi producto?", se siente target de una venta. Misma persona, mismo tema, reacción completamente diferente.

Segundo: usa tu red de contactos antes de recurrir a extraños. Una introducción cálida de un amigo en común vale más que cien correos fríos. Y después de cada buena conversación, pide una referencia: "¿conoces a alguien más que tenga este tipo de desafío?" Si la conversación fue genuinamente buena, la persona estará encantada de conectarte. Es un favor fácil de dar y que hace quedar bien a quien lo da.

Tercero: ve a donde están tus clientes potenciales. Eventos de la industria, meetups, grupos de LinkedIn, comunidades online, ferias comerciales, conferencias. No esperes que vengan a ti. Ve a los lugares donde tu cliente ideal ya se reúne y ten conversaciones informales. Una buena conversación en un evento de networking puede valer más que semanas de prospección en frío.

Cuarto: mantén las reuniones cortas. Fitzpatrick recomienda quince a veinte minutos, máximo. Una reunión corta es más fácil de aceptar para el otro. Genera menos presión. Y curiosamente produce información más concentrada porque ambas partes saben que el tiempo es limitado y van al grano. Si la conversación está siendo increíble y la persona quiere seguir, siempre puede extenderse naturalmente. Pero pedir inicialmente solo quince minutos reduce dramáticamente la barrera de entrada.

Quinto, y esto es algo que Fitzpatrick menciona casi de pasada pero que es genial: aprovecha las conversaciones casuales. No necesitas agendar una reunión formal para hacer descubrimiento de clientes. Puedes hacerlo en la fila del café, en un Uber, en una cena. Las preguntas del Mom Test funcionan en cualquier contexto social. "¿Y tú a qué te dedicas? ¿Cuál es la parte más difícil de tu trabajo?" Eso es descubrimiento de clientes disfrazado de conversación normal.

Cuándo Dejar de Preguntar y Empezar a Construir

Hay un momento en el proceso donde tienes que dejar de investigar y empezar a construir. Pero, ¿cómo sabes cuándo llegaste a ese punto? Porque hay dos errores posibles: lanzarte demasiado pronto sin datos suficientes, o quedarte investigando para siempre como excusa para no asumir el riesgo de crear algo.

Fitzpatrick da una señal clara: cuando empiezas a escuchar lo mismo una y otra vez. Si las últimas cinco conversaciones te dieron básicamente la misma información, si ya puedes predecir lo que van a decir antes de que lo digan, si no estás aprendiendo nada nuevo, entonces ya tienes suficiente. Él lo llama "saturación", y es el equivalente al concepto de "saturación teórica" en investigación cualitativa.

Para la mayoría de los negocios, Fitzpatrick dice que entre diez y quince conversaciones buenas son suficientes para tomar decisiones informadas. No necesitas cien. No necesitas una muestra estadísticamente significativa. Necesitas lo suficiente para ver patrones claros y consistentes.

Pero cuidado con la trampa opuesta: usar la investigación como zona de confort. Hay emprendedores que llevan seis meses "validando" su idea. Han hecho cincuenta entrevistas y siguen sin construir nada. En algún punto, más investigación no es rigor, es miedo disfrazado de diligencia. Si ya escuchas los mismos patrones, ya tienes tus tres preguntas respondidas, y ya tienes señales de compromiso de al menos algunas personas, es hora de crear algo tangible y ponerlo frente a la gente.

Aplicación Directa para Consultores y Freelancers

Quiero cerrar con algo que no está explícitamente en el libro pero que es la conexión natural para cualquiera que ofrece servicios profesionales.

Si eres consultor y estás definiendo tu oferta de servicios, el Mom Test es literalmente tu herramienta más poderosa. Te permite descubrir exactamente qué vender, a qué precio, y con qué palabras describirlo. Sin adivinar. Sin inventar.

Paso uno: identifica tu segmento inicial. ¿Con quién quieres trabajar? Dueños de restaurantes, dentistas, abogados, coaches, lo que sea. Elige uno.

Paso dos: ten entre diez y quince conversaciones usando las reglas del Mom Test. No vendas nada. Solo entiende su mundo. ¿Cuáles son sus problemas principales? ¿Qué han intentado para resolverlos? ¿Cuánto gastan? ¿Qué les frustra de las soluciones actuales?

Paso tres: analiza los patrones. Si siete de diez personas mencionan el mismo problema, y cinco de esas siete ya gastaron dinero intentando resolverlo, tienes tu servicio.

Paso cuatro: empaqueta tu oferta usando sus propias palabras. No les digas "ofrezco consultoría de transformación digital con enfoque en automatización de procesos". Diles "te ayudo a dejar de perder cuatro citas a la semana con un sistema que confirma automáticamente", que es exactamente el problema que ellos te describieron, con sus palabras.

Esta es la magia del Mom Test aplicada a servicios: tus clientes te dicen exactamente qué venderles y cómo venderlo. Tú solo tienes que escuchar.

Resumen Final del Libro Completo

Vamos a cerrar con los diez principios fundamentales de El Mom Test, destilados de ambos episodios.

Uno: la gente miente cuando le cuentas tu idea. No por maldad, por educación.

Dos: las tres reglas. Habla de su vida. Pregunta por el pasado. Habla menos.

Tres: pide evidencia, no opiniones. Los hechos no mienten.

Cuatro: las mejores preguntas dan miedo. Si no te incomoda hacerla, no es suficientemente directa.

Cinco: distingue problemas reales de quejas casuales. Sin acción previa, no hay dolor suficiente.

Seis: los cumplidos son veneno. Las únicas señales válidas son compromiso de tiempo, reputación o dinero.

Siete: detecta señales de peligro: lenguaje genérico, promesas futuras, entusiasmo sin acción.

Ocho: toma notas inmediatamente. Separa hechos de emociones de interpretaciones. Comparte.

Nueve: pide consejo, no reuniones. Ve a donde están. Mantén todo corto.

Diez: deja de investigar cuando escuches lo mismo repetidamente. Diez a quince conversaciones buenas son suficientes.

El Mom Test es uno de esos libros raros que puedes leer en una tarde y aplicar al día siguiente. No necesitas tecnología sofisticada, no necesitas dinero, no necesitas un equipo. Solo necesitas aprender a hacer las preguntas correctas y tener el coraje de escuchar las respuestas, aunque no sean las que quieras oír.

En el próximo episodio arrancamos con el segundo libro de la semana: Cien Millones de Dólares en Ofertas, de Alex Hormozi. Un libro que complementa perfectamente al Mom Test, porque una vez que sabes qué quiere tu mercado y tienes los datos reales de sus problemas, Hormozi te enseña cómo empaquetar todo eso en una oferta tan irresistible que la gente se sienta estúpida diciendo que no.

Esto fue Book Digest. Nos vemos en el siguiente episodio.

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